¿Recuerdas quiénes eran tus compañeros cuando comenzaste a asistir a la escuela en educación preescolar? Tal vez te sabías muy bien los nombres que de los que eran tus amigos, conocías algo de sus vidas y tuviste una relación más cercana con ellos, pero también sabías el nombre de dos personajes clave que siempre hay en cada salón, en mi caso: Luisito, el cerebrito (muy aplicado y bien portado) y Oscarito, el desordenado (que hace batallar a todos los maestros con su mal comportamiento y malas notas).  Ellos dos son el mejor ejemplo de Marca Personal, ya que bien o mal, todos nos sabíamos su nombre: eran los más famosos de toda la escuela.  Así funciona. La marca personal es la percepción que la gente tiene de ti por la suma de las acciones que realizas o realizaste en algún momento y eso es lo que hace que te “estereotipen” o te relacionen con algo muy específico.

     Cuando vamos creciendo, se sigue abonando a esta percepción que va construyendo nuestra “reputación” y en conjunto con nuestra experiencia nos define claramente.

     Cuando comencé en el mundo digital, tenía un socio con el que creamos una marca comercial que nos encantaba y habíamos acordado enfocar todos nuestros esfuerzos a impulsar tal marca; era una agencia de marketing digital y él se encargaba de la operación y yo de las ventas y las relaciones públicas.  De repente, llamaba algún cliente y pedía hablar conmigo… no quería tratar con mi socio o con alguien más, así que él me llegó a reclamar acerca de que por qué sucedía eso y me pidió que recordara que teníamos un acuerdo sobre impulsar la marca de la agencia. Yo le explicaba que simplemente le brindaba confianza a los clientes y les daba mi tarjeta donde venían los datos de contacto de la agencia con mi nombre. 

     El reclamo se repitió un par de ocasiones más y fue entonces cuando me dijo: “Lo que no me gusta es que tu nombre está tomando más fuerza que el de la agencia”. En ese momento me abrió los ojos y me di cuenta que tenía una marca personal que estaba posicionándose muy bien.  Fue entonces que decidimos, como parte de la estrategia, lanzar mi nombre como “embajador” de la marca de la agencia, interactuando en Facebook y Twitter, que eran las redes principales, participando en programas de radio, entrevistas por Internet y capacitaciones en eventos relacionados con la publicidad, así como algunas asociaciones empresariales de nuestra ciudad.

     Desde entonces, soy consciente de la relevancia de la marca y procuro cuidarla, ya que incluso si cambiara de giro, mis clientes me seguirían y me ayudarían a no comenzar desde cero.

     Si te suena familiar esta historia o has detectado esta gran oportunidad, no dejes tu marca comercial, pero define e impulsa tu marca personal y súmala a tu estrategia, ¡verás que obtendrás fabulosos resultados!

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